D. Inocencio Romero de la Cruz había destinado para la construcción de una nueva parroquia en la zona de Cruz de Lagos, en el Zaidín, una zona que crecía espectacularmente. La parroquia se llamaría de Nuestra Señora de los Dolores en recuerdo de una hija de D. Inocencio.
En 1.978, se hizo cargo D. Francisco Hoya de la nueva parroquia; le entregaron el edificio y el altar (éste donado por el constructor del edificio, Ávila Rojas); a D. Francisco correspondía gestionar la adquisición de todo el mobiliario y todo lo necesario para el culto en la iglesia recién estrenada.
El día 1 de enero de 1979 se celebró la primera Eucaristía.
D. Francisco informaba a su feligresía con satisfacción de la adquisición de los bancos, de las imágenes, del sagrario, de los confesionarios, del Vía-Crucis, etc. Fue un esfuerzo que continuó durante los años que tuvo a su cargo la parroquia: ornamentos, megafonía, despacho parroquial y otros locales adyacentes, enseres de la sacristía, ventiladores para los calores del verano, etc. Siempre encontró el apoyo decidido de familiares, amigos y de sus nuevos feligreses.
La parroquia se fue formando y creciendo; las misas de niños, el coro de jóvenes, las seis misas de los días de fiesta...
Consta el imborrable recuerdo que tienen de D. Francisco los miembros de la cofradía del Santísimo Cristo de la Lanzada y María Santísima de la Caridad, que él acogió generosamente, y apoyó con entusiasmo en su crecimiento y consolidación. Sus imágenes encontraron un lugar preferente en la iglesia en donde pudieron ser veneradas por sus cofrades y por todos los devotos.
A mediados de 1.993 le fue comunicado a D. Francisco, su nombramiento de párroco de San Gil y Santa Ana. Él tenía ya presente retirarse de su parroquia de Los Dolores, cuando cumpliera la edad de jubilación; ahora la iba a dejar unos años antes. Y dejaría allí, con toda generosidad y elegancia de espíritu, sus ingentes esfuerzos de catorce años largos; dejaba a sus sucesores una parroquia floreciente.
Tras D. Francisco Hoya llegó otro Francisco, D. Francisco Molina. Fueron cuatro años también muy fructíferos, donde los "niños" de antes eran "jóvenes" que asumían cada vez más responsabilidades, y los impetuosos" jóvenes" del principio eran ya "padres".
Se acometió la instalación del aire acondicionado que, junto con la sustitución del techo de uralita, aliviaron los rigores del invierno y del verano a la feligresía.
En febrero de 1997, el templo se vio sacudido por la onda expansiva de una bomba que explotó al otro lado de la carretera de Armilla, a escasos cuarenta metros. Ese atentado, además de la vida del peluquero de la base de Armilla, se llevó por delante el hogar de decenas de feligreses de la parroquia, así como muchos cristales de los bloques cercanos. El templo tampoco se vio indemne, puesto que varias vidrieras de la fachada y placas del falso techo se cayeron.
Éste incidente, a pesar de todo el dolor causado, supuso una muestra de auténtica fe cristiana, puesto que los vecinos afectados demostraron que el Amor y el Perdón de Dios puede sobre todas las cosas, y que con la Fe y la fuerza del Espíritu, todos los problemas se solucionan tarde o temprano.
En el verano de 1997, D. Francisco Molina fue nombrado párroco de la Basílica de Ntra. Sra. de las Angustias, y vicario episcopal de la zona 1 de Granada.
La casualidad quiso que unos meses antes, sin tener conciencia aún de lo que iba a pasar, la comunidad conociese a D. Antonio Guerrero, actual párroco, en una excursión. D. Antonio trajo a nuestra parroquia su talante, su forma de trabajar. Se iniciaron los trámites para la búsqueda de nuevos locales parroquiales, donde poder desarrollar todas las tareas...
En 2000 llegó como vicario parroquial Manuel García, que con su juventud, intentó dinamizar y "motorizar" a los fieles, excesivamente pasivos en muchos casos. Se consiguió que la parroquia fuera un referente en pastoral familiar, en formación litúrgica y en compromiso de los laicos.
En septiembre de 2007, Jose Alberto Fernández sustituyó a Manolo como vicario parroquial -que fue nombrado rector de S. Juan de los Reyez- cogiendo el testigo de tantos grupos y personas.


